Sobreviví gracias al silencio. Cambié mi vida gracias al valor.

Cuando era niña en el sur de España, el silencio se convirtió en mi forma de sobrevivir en un hogar marcado por el miedo, la inestabilidad y la ira de mi padre. Pero bajo aquel silencio vivía otra fuerza: la rabia. No la que destruye, sino la que se niega a aceptar que el sufrimiento tenga que convertirse en destino.
Esa fuerza me llevó lejos de casa, al otro lado del océano, a través de una vida como inmigrante indocumentada y hacia un futuro que, en otro tiempo, no habría podido imaginar. Sin embargo, los logros no borraron el pasado. Las historias que había enterrado seguían viviendo dentro de mí.
Comencé a escribir para poder enfrentarme a esas historias con mis propias palabras. En las páginas, el miedo, el dolor y el resentimiento se transformaron en lecciones de resiliencia. La escritura me permitió regresar a mis heridas de una forma segura, liberarme poco a poco de su influencia y convertir recuerdos dolorosos en historias que pudieran ayudar a otras personas.
Escribí El Silencio del Volcán para quienes alguna vez se hayan sentido atrapados por el lugar del que proceden. Mi historia es un recordatorio de que el pasado puede moldearnos sin ser nuestro dueño, y de que dentro de cada uno de nosotros vive el poder de crear la vida que merecemos.
Esta no es una historia sobre apagar el fuego. Es una historia sobre aprender a utilizarlo.